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11:55 p.m.
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besadora ni siquiera es una palabra pero en fin
lgbt+
pan o bi?
pansexual
personal
Llegar a términos con uno mismo es un proceso lento y
naturalmente complicado, incluso si estás seguro de poder comprender la mayor
parte de tus sentimientos y alinear cada uno de tus flechazos en líneas
totalmente comprensibles.
El problema, en mi opinión, se basa mucho en las deducciones
que cada persona hace de otra y comienza con la deducción que tus padres hacen
de ti al momento que naces: vas a casarte con una persona de tu sexo ‘opuesto’,
vas a tener hijos, un trabajo perfecto y una finca con caballos donde el sol
nunca se pone y los pajaros cantan de lunes a lunes. Es gracioso, pero lo más normal al fin y al cabo, incluso para mí,
que crecí en una familia de mente muy abierta y que siempre intentó explicar de
la mejor manera todas aquellas cosas que yo no entendía.
Entonces ¿Cómo lo supe?
Bueno es fácil decir alegar que para los jóvenes de mi edad, y sobre todo para aquellos que se identifican como mujeres, la sexualidad es un
tema a descubrir que suena fascinante teniendo en cuenta que es algo que nos
concierne a todos nosotros en mayor a menor medida.
Como experiencia personal, puedo decir que el momento en que
la noticia me chocó como una pared de ladrillos cayendo sobre mí, fue cuando,
siendo aún bastante joven, apareció la idea de jugar a un no tan inocente juego: verdad
o reto. Cabe aclarar que la imagen que mi madre siempre tuvo de mis amigas
nunca fue de lo más realista, ahí donde ella las ve como ángeles, yo sonrió y
las recuerdo siendo las primeras personas con las que tome alcohol a pesar de
que sabía que no estaba bien.
De cualquier forma, la idea de enterarse de verdades ocultas
y reír un rato de retos ridículos sonaba genial hasta que mi turno llegó y yo,
sabiendo que ninguno de mis secretos podía ser interesante, me decidí por reto.
Mi reto, besar a alguna de las chicas presentes… tampoco es como si hubiese
habido chicos presentes, pero en fin. Sonreí victoriosa, porque sonaba como un
reto fácil comparado con lamer mermelada del suelo, pero en cuanto tuve que
hacerlo mi cerebro activo todas las alarmas y mis pensamientos se llenaron de ‘nope’
porque, oh Dios, si hago esto y me gusta ¿Qué va a pasar?
Las chicas son lindas después
de todo ¿Qué si me gusta? ¿Qué si se nota que me gusta? ¿A quién se supone que
elija? ¿Quién tiene las mayores posibilidades de ser una mala besadora? ¿Qué si
me gusta? ¿Qué si alguien entra y me ve haciendo esto? ¿Qué si mamá se entera?
¿Qué si me gusta? ¿QUÉ SI ME GUSTA? ¿QUÉ SI ME GUSTA? ¿QUÉ SI ME GUSTA? Lo
cual, como era de esperarse fue bastante traumático para la joven versión de mi
misma que se sentaba allí escuchando a sus amigas hablar sobre chicos y podía conectar,
escuchaba a sus amigos hablar de chicas y podía conectar, pero nunca conecto
con alguien que hablase de ambos porque eso no existía en mi mundo perfecto.
Después de ese día, y de que mis amigas no volviesen a
rondar el tema, empuje las preguntas fuera de mi cerebro y me concentre en una
cosa: si las chicas salen con chicos, entonces yo, como una buena chica, debo
salir con chicos; lo cual podría haber estado mejor si mis novios hubiesen sido
buenos, pero en ese momento cualquier cosa que se denominase chico podría haberme
invitado a salir y yo habría dicho que sí con tal de no tener que preocuparme más al respecto.
Con todo esto de un lado, mi novio abusivo olvidado y todo
lo relacionado con citas hundido en el hoyo más profundo de mi persona, la
primera persona no heterosexual se hizo presente en mi vida… o no en realidad,
pero ella paso de ser un ser desconocido para mí a ser lo único de lo que mis
amigas hablaban por una simple razón: bisexual.
La chica en cuestión había admitido ser bisexual y mi
ciudad, siendo el pañuelo que es, no tardo en esparcir la noticia como un
incendio en un campo reseco, transportándola hasta mis oídos curiosos en cuestión de días. Mis amigas,
o al menos una de ellas, parecía ligeramente ofendida con el tema, ella la
llamaba ‘lesbiana’ de una manera ruda y citaba su estado de Facebook cada dos
por tres entre medio de nuestras charlas: ‘Quiero una novia!!’era todo lo que la chica había dicho, pero ellas lo repetían como si eso
fuese algo de lo que avergonzarse.
Entrar al secundario fue, después de eso, mágico. Es aquí donde
finalmente me vi obligada a replantearme mis problemas para definirme
sexualmente porque, wow, sucedió y en realidad lo sospeche desde un principio
pero cuando uno de los primeros amigos que hice en la secundaria admitió ser
gay eso fue suficiente para que yo comenzara mi propia cuenta regresiva para
admitir que yo también lo era… o no? Bueno los chicos son geniales, las chicas
maravillosas… pero… ¿en realidad importaba? Toda esta cosa chico/chica estaba estresándome
¿Cuál era la diferencia? ¿Genitales? Eso no hacía a las chicas más geniales que
los chicos o menos deseables.
Confusión otra vez.
Y en realidad me tomo unos buenos tres años comenzar a argüir
con mi amigo gay las razones por las que él solo podía sentir atracción hacia
los chicos. ¿Qué hay de malo con las chicas? ¿Por qué te asusta la idea de
enamorarte de alguien que no encaje los términos masculinos a los que estás
acostumbrado? ¿Por qué solo chicos? ¿No somos todos personas al fin y al cabo? Y
por supuesto que en su momento no entendía que estaba siendo una perra al
respecto, no era su culpa que su cerebro lo llevase a sentir atracción específicamente
hacia ciertos rasgos de la construcción masculina, pero supongo que más que
nada tenía mucho que ver con que estaba intentando comprenderme a mí misma utilizándolo
a él, a mi hermano y su novio como una guía personal que en realidad no estaba
ayudando de nada.
Entonces las puertas del cielo se abrieron en el momento en
el que había decidido que el término bisexual era suficiente y los santos se
presentaron con esta nueva palabra: Pansexual. Lo cual tache de pretencioso en cuanto
comencé a leer las opiniones de otras personas sobre este grupo en especial,
pero al cual me fui adaptando rápidamente en cuanto me interese por saber más
sobre su forma de ver a la gente. Descubrí que había más de dos géneros, que la
atracción no es una decisión pero si lo es aquello que hacemos al respecto, que ningún sentimiento interno es negativo en cuanto no afecte de manera negativa a segundos, entre muchas otras cosas.
Pretencioso o no el término se deslizaba por mi lengua como
chocolate derretido y no fue hasta que me denomine a mí misma de esa forma que descubrí
que se sentía mucho más cómodo que la bisexualidad. Y fue… increíble, fantástico,
mágico, se siete genial cuando puedes sentirte identificado, porque no está
bien tacharse de esto o esto otro, pero encajar ya es bastante difícil y no hay
nada mejor para encajar que los grupos que se forman con las etiquetas creadas
por la sociedad con ese único fin: ayudarnos a encontrar las personas correctas
con las que podríamos formar alianzas más fuertes basándonos en un rasgo en común.
Entonces ¿Es fácil? Por su puesto que no, es un proceso, lo
importante es que decidas el momento justo para sentarte y plantearte este tipo
de cosas. Es importante que te tomes tu tiempo para meditar al respecto y no
decidas basándote en emociones pasajeras de último momento. Recuerda que no hay
una manera correcta de pertenecer a un grupo o a otro y que no importa el grupo
o los grupos con los que te sientas identificado, nunca vas a estar mal siempre
y cuando no hieras a otras personas.


Me ha envantado tu blog. De verdad, me gustaría ayudarte a publicar artículos 💕
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