Pansexualidad para tontos III: ¿Cómo lo supiste?

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Llegar a términos con uno mismo es un proceso lento y naturalmente complicado, incluso si estás seguro de poder comprender la mayor parte de tus sentimientos y alinear cada uno de tus flechazos en líneas totalmente comprensibles.

El problema, en mi opinión, se basa mucho en las deducciones que cada persona hace de otra y comienza con la deducción que tus padres hacen de ti al momento que naces: vas a casarte con una persona de tu sexo ‘opuesto’, vas a tener hijos, un trabajo perfecto y una finca con caballos donde el sol nunca se pone y los pajaros cantan de lunes a lunes. Es gracioso, pero lo más normal al fin y al cabo, incluso para mí, que crecí en una familia de mente muy abierta y que siempre intentó explicar de la mejor manera todas aquellas cosas que yo no entendía.

Entonces ¿Cómo lo supe?

Bueno es fácil decir alegar que para los jóvenes de mi edad, y sobre todo para aquellos que se identifican como mujeres, la sexualidad es un tema a descubrir que suena fascinante teniendo en cuenta que es algo que nos concierne a todos nosotros en mayor a menor medida.

Como experiencia personal, puedo decir que el momento en que la noticia me chocó como una pared de ladrillos cayendo sobre mí, fue cuando, siendo aún bastante joven, apareció la idea de jugar a un no tan inocente juego: verdad o reto. Cabe aclarar que la imagen que mi madre siempre tuvo de mis amigas nunca fue de lo más realista, ahí donde ella las ve como ángeles, yo sonrió y las recuerdo siendo las primeras personas con las que tome alcohol a pesar de que sabía que no estaba bien.




De cualquier forma, la idea de enterarse de verdades ocultas y reír un rato de retos ridículos sonaba genial hasta que mi turno llegó y yo, sabiendo que ninguno de mis secretos podía ser interesante, me decidí por reto. Mi reto, besar a alguna de las chicas presentes… tampoco es como si hubiese habido chicos presentes, pero en fin. Sonreí victoriosa, porque sonaba como un reto fácil comparado con lamer mermelada del suelo, pero en cuanto tuve que hacerlo mi cerebro activo todas las alarmas y mis pensamientos se llenaron de ‘nope’ porque, oh Dios, si hago esto y me gusta ¿Qué va a pasar? 

Las chicas son lindas después de todo ¿Qué si me gusta? ¿Qué si se nota que me gusta? ¿A quién se supone que elija? ¿Quién tiene las mayores posibilidades de ser una mala besadora? ¿Qué si me gusta? ¿Qué si alguien entra y me ve haciendo esto? ¿Qué si mamá se entera? ¿Qué si me gusta? ¿QUÉ SI ME GUSTA? ¿QUÉ SI ME GUSTA? ¿QUÉ SI ME GUSTA? Lo cual, como era de esperarse fue bastante traumático para la joven versión de mi misma que se sentaba allí escuchando a sus amigas hablar sobre chicos y podía conectar, escuchaba a sus amigos hablar de chicas y podía conectar, pero nunca conecto con alguien que hablase de ambos porque eso no existía en mi mundo perfecto.

Después de ese día, y de que mis amigas no volviesen a rondar el tema, empuje las preguntas fuera de mi cerebro y me concentre en una cosa: si las chicas salen con chicos, entonces yo, como una buena chica, debo salir con chicos; lo cual podría haber estado mejor si mis novios hubiesen sido buenos, pero en ese momento cualquier cosa que se denominase chico podría haberme invitado a salir y yo habría dicho que sí con tal de no tener que preocuparme más al respecto.

Con todo esto de un lado, mi novio abusivo olvidado y todo lo relacionado con citas hundido en el hoyo más profundo de mi persona, la primera persona no heterosexual se hizo presente en mi vida… o no en realidad, pero ella paso de ser un ser desconocido para mí a ser lo único de lo que mis amigas hablaban por una simple razón: bisexual.

La chica en cuestión había admitido ser bisexual y mi ciudad, siendo el pañuelo que es, no tardo en esparcir la noticia como un incendio en un campo reseco, transportándola hasta mis oídos curiosos en cuestión de días. Mis amigas, o al menos una de ellas, parecía ligeramente ofendida con el tema, ella la llamaba ‘lesbiana’ de una manera ruda y citaba su estado de Facebook cada dos por tres entre medio de nuestras charlas: ‘Quiero una novia!!’era todo lo que la chica había dicho, pero ellas lo repetían como si eso fuese algo de lo que avergonzarse.

Entrar al secundario fue, después de eso, mágico. Es aquí donde finalmente me vi obligada a replantearme mis problemas para definirme sexualmente porque, wow, sucedió y en realidad lo sospeche desde un principio pero cuando uno de los primeros amigos que hice en la secundaria admitió ser gay eso fue suficiente para que yo comenzara mi propia cuenta regresiva para admitir que yo también lo era… o no? Bueno los chicos son geniales, las chicas maravillosas… pero… ¿en realidad importaba? Toda esta cosa chico/chica estaba estresándome ¿Cuál era la diferencia? ¿Genitales? Eso no hacía a las chicas más geniales que los chicos o menos deseables.

Confusión otra vez.

Y en realidad me tomo unos buenos tres años comenzar a argüir con mi amigo gay las razones por las que él solo podía sentir atracción hacia los chicos. ¿Qué hay de malo con las chicas? ¿Por qué te asusta la idea de enamorarte de alguien que no encaje los términos masculinos a los que estás acostumbrado? ¿Por qué solo chicos? ¿No somos todos personas al fin y al cabo? Y por supuesto que en su momento no entendía que estaba siendo una perra al respecto, no era su culpa que su cerebro lo llevase a sentir atracción específicamente hacia ciertos rasgos de la construcción masculina, pero supongo que más que nada tenía mucho que ver con que estaba intentando comprenderme a mí misma utilizándolo a él, a mi hermano y su novio como una guía personal que en realidad no estaba ayudando de nada.

Entonces las puertas del cielo se abrieron en el momento en el que había decidido que el término bisexual era suficiente y los santos se presentaron con esta nueva palabra: Pansexual. Lo cual tache de pretencioso en cuanto comencé a leer las opiniones de otras personas sobre este grupo en especial, pero al cual me fui adaptando rápidamente en cuanto me interese por saber más sobre su forma de ver a la gente. Descubrí que había más de dos géneros, que la atracción no es una decisión pero si lo es aquello que hacemos al respecto, que ningún sentimiento interno es negativo en cuanto no afecte de manera negativa a segundos, entre muchas otras cosas.

Pretencioso o no el término se deslizaba por mi lengua como chocolate derretido y no fue hasta que me denomine a mí misma de esa forma que descubrí que se sentía mucho más cómodo que la bisexualidad. Y fue… increíble, fantástico, mágico, se siete genial cuando puedes sentirte identificado, porque no está bien tacharse de esto o esto otro, pero encajar ya es bastante difícil y no hay nada mejor para encajar que los grupos que se forman con las etiquetas creadas por la sociedad con ese único fin: ayudarnos a encontrar las personas correctas con las que podríamos formar alianzas más fuertes basándonos en un rasgo en común.

Entonces ¿Es fácil? Por su puesto que no, es un proceso, lo importante es que decidas el momento justo para sentarte y plantearte este tipo de cosas. Es importante que te tomes tu tiempo para meditar al respecto y no decidas basándote en emociones pasajeras de último momento. Recuerda que no hay una manera correcta de pertenecer a un grupo o a otro y que no importa el grupo o los grupos con los que te sientas identificado, nunca vas a estar mal siempre y cuando no hieras a otras personas.

Panecillo

Estudiante

Hola! Soy Victoria, una joven estudiante de Argentina que, después de darse cuenta que los lugares informativos para pansexuales en español eran escasos decidio comenzar su propio blog en caso de que alguien tuviese algunas preguntas Yay.

1 comentario:

  1. Me ha envantado tu blog. De verdad, me gustaría ayudarte a publicar artículos 💕

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